Deseo, Almudena Gosálvez López

deseo

«DESEO»

Cuando Julián entraba en el Museo, la monotonía se quedaba en el exterior mientras él se perdía por pasillos y salas. El murmullo constante, el zumbido de los pasos, los turistas atentos a guías que explican las excelencias de las obras. Le bastaba oler este ambiente para que su mediocridad se diluyera como los colores en la paleta del pintor.

La mañana se consumía. Absorbiendo cuadros se olvidaba del hambre y el cansancio que comenzaba a sentir. Cuando notó su presencia, miró el reloj. Era tarde. Se encaminó a la salida con la intención de volver al día siguiente, pero antes de llegar, el muro blanco se rompía abriendo un paso, oculto tras una cortina. Colgado sobre ella, un cartel anunciaba: «PRÓXIMA INAUGURACIÓN». El bedel le informó que aquella zona estaba reservada para exposiciones itinerantes y que pronto albergaría una dedicada a pintores noveles. Mientras le escuchaba vio asomar bajo la cortina unos zapatos, unas sandalias tal vez, rojas, de alto tacón que encadenaban unos tobillos de mujer. Continuó miranado, pero frente al bedel se sintió incómodo y caminado deprisa, salió del Museo.

 En la entrada, nuevas oleadas de turistas esperaban para pagar. Se contuvo en la tentación de sumarse a ellos. Un zapato rojo empezaba a taconear incesante en la puerta de su mente.

deseoA primera hora estaba de nuevo en el Museo, rompiendo la soledad de las estancias con sus pasos presurosos. A lo lejos comenzaban  a crecer los murmullos. Sin importarle ya los cuadros, se dirigió a la cortina. La luz se deslizaba suavemente a la habitación oculta sin lograr vencer la oscuridad. Le pareció que estaba allí de nuevo, el tobillo emergiendo entre las tiras, las sandalias perfilando los pies escondidos. Iba a agacharse para descubrir algo más, pero oyó pasos que se aproximaban y se irguió.
 Lo que en un principio fue curiosidad se había transformado en una obsesión. ¿Quien era ella? ¿Una turista? No podía ser. En aquella zona no estaba permitido el paso a visitantes. ¿Una pintora novel, una encargada?.
 
Acudía todos los días al Museo y, con insistencia, preguntaba la fecha de la inauguración. A medida que las cortas vacaciones se consumían, crecía su ansiedad. Cuando la rutina nuevamente le devorara, se ahogaría la posibilidad de conocerla. Anhelante, la buscaba tras la cortina y, si so veía el zapato, paseaba su impaciencia por las salas con la esperanza de descubrir en cualquier rincón las sandalias rojas.
Cuando, al fin, llegó  la mañana en que la cortina iba a abrirse, Julián no podía controlar su emoción.  Los latidos parecían resonar en la estancia semivacía, entre el susurro ininteligible de un grupo de japoneses y las pisadas silenciosas de algún visitante madrugador.
Su mirada viajaba por todos los recovecos hasta posarse en una sandalia escondida. Excitado, se aproximó. Sí, era ella. La miró. Bastó un instante para darse cuenta que había merecido la pena esperar. Las sandalias rojas poseían a la única mujer capaz de despertar en él el deseo. Por primera vez algo se desbordaba en su interior. Ella le sonreía, y se dejó arrastrar. Entonces fue regresar cada día para estar junto a ella; amarla cada noche hasta los confines del placer.
deseoEl día de la clausura se dirigió a su encuentro, como de costumbre. No habían  hablado de ello, pero estaba seguro de que se quedaría con él. Al verla, sin embargo, comprendió que estaba preparando su partida. La miró interrogante en busca de respuesta, pero sólo vio el adiós. Y él lo había dejado todo por ella: su trabajo, su apacible mediocridad, su vida, no estaba dispuesto a permitir que le abandonara y, sin poder contenerse, se abalanzó sobre ella.
 
Sudoroso y jadeante, como en los momentos de pasión, se levantó y contempló su obra. En el suelo yacía lo más amado. Se sentó junto a ella sonriendo tristemente mientras reparaba en un grupo de chiquillos que, con su profesor, le miraban asombrados, en el bedel que, gritando, corría hacia él.
 
¿Le acusarían de asesinato? No, de asesinato, no. De vandalismo, tal vez. Para los demás era sólo un cuadro.

ALMUDENA GOSÁLVEZ LÓPEZ

negreando 6

Categorías

Relatos con Historia, Relatos

pan, naturalmente

Categorías

Relatos, Relatos con Historia

jamás

Deja un comentario