¿Memorias de Lemuria y la Atlántida? 😉
Érase una vez hace infinidad de años, una gran estrella que brillaba resplandeciente en lo alto del firmamento. Se llamaba la Estrella de la Libertad. Los chamanes y las brujas conocían el secreto que escondía la Gran Estrella: al mirarla, su luz penetraba a través de los ojos, atravesaba la piel y los rincones más recónditos de tu alma quedaban al descubierto.
Estas personas valientes, con sus entrañas al descubierto, aprendieron unas de otras. Compartieron sus conocimientos y secretos y adivinaron la manera de deshacerse de las cadenas que las ataban. Y así, incluso en sus sombras, vivieron iluminadas por la luz que les proporcionaba la Estrella de la Libertad. Por eso estas personas, se apareaban libremente a la sombra de cualquier árbol, y bailaban y llamaban a la lluvia. Y la lluvia venía porque la naturaleza y las personas eran una misma cosa. Y curaban enfermedades, porque aprendieron de la mayor enfermedad, la del sufrimiento. Y hablaban con las plantas y con los animales, porque en la naturaleza el lenguaje de la libertad, lo entendían todas las especies.

Pero sucedió en esa época, que algunas personas no soportaron mirar a la Estrella y ver sus entrañas al descubierto. Comenzaron a sentir miedo y vergüenza, y se encerraron en sus sombras. Y bajo el muro de la apariencia y del engaño, perdieron su libertad.
El odio y la envidia que sentían hacia las personas vivían libres, hizo que no cesaran en su empeño hasta conseguir exterminarlas. Las persiguieron por todos los confines de la tierra y les dieron muerte.
Sucedió entonces que la lluvia olvidó derramar agua. Las plantas se negaron a crecer. Las personas y la naturaleza ya no fueron una misma cosa y los animales comenzaron a atacar a la especie humana. Ya no hablaban el mismo lenguaje. Y la tierra poco a poco se fue poblando de seres encadenados al control y al orden, donde la fuerza y el poder se erigieron máximas autoridades, y donde la espontaneidad era signo de locura.
Ya nadie hacía el amor debajo de cualquier árbol porque no estaba bien visto. Las personas buscaban sitios escondidos donde poder amarse. Se inventaron jaulas para encerrar a los animales y armas para matar a las personas que intentaban vivir en libertad. Se parcelaron tierras para controlar las plantas, y exterminaron especies animales y vegetales. De la madera de los árboles hicieron papel y se inventaron el dinero. Al dinero le dieron el poder supremo. Y el valor de las personas comenzó a medirse según el dinero. Entonces, el dinero hizo esclavas a las personas que lo poseían y a las que lo deseaban. Y se inventaron los relojes y también se esclavizaron al tiempo. Y como el tiempo valía dinero, hicieron máquinas que lo hacían todo muy rápido.

Y poco a poco las personas se fueron transformando. La boca se fue reduciendo porque ya nadie se comunicaba. La cabeza y el cerebro fueron menguando pues nadie las utilizaba para pensar. Las manos fueron perdiendo elasticidad porque nadie las utilizaba para el trabajo. Los pies se fueron engarrotando pues ya nadie caminaba. Y de la uñas fueron saliendo hilos, y poco a poco, las personas se fueron convirtiendo en marionetas.
Pero sucedió, que a pesar de todo, en ese mundo de falsos deseos, incomunicación e individualismo, la Madre Naturaleza siguió pariendo criaturas que miraban hacia arriba, veían la luz de la Gran Estrella y se les iluminaba el corazón.
A estas personas las llamaron locas…
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