Capítulo 21, Si las paredes hablaran

Capítulo  21

Capítulo 21

Después de estar un rato buscando aparcamiento, Manuela y Soledad llegaron a un pub donde había demasiada gente, la música sonaba demasiado alta y el ambiente estaba demasiado cargado.

Mientras pedían unas copas Sole observó de lejos a Francisco y al “Negro”; no perdían el tiempo.
Charlaban con un grupo de gente y al momento Manu, el «negro», se dirigía con un tipo al cuarto de baño.
Manuela se contoneaba junto a la barra y no tardó en llamar la atención de Francisco, que apareció con el único propósito de permanecer junto a ella. Hablaban tan cerca el uno de la otra que parecía que en cualquier momento iban a unir sus bocas.
Sole se preguntaba cuánto tiempo sus amigos tardarían en marcharse. Y se limitaba a observar, esperando que el “Negro” acabara con los trapicheos y le diera conversación.

Y todo sucedió rápido.

Tras unas cuantas canciones y aprovechando un empujón, Francisco agarró a Manuela por la cintura y no dejó que se separara. Unieron sus labios y comenzaron a besarse.

Se relajaron y estuvieron saboreándose como si se conocieran de antiguo.
Hasta que las manos empezaban a deslizarse solas por los cuerpos recién descubiertos, y Sole cortó carraspeando:
– Eeehh!, que nos ponéis los dientes largos…
Y el “Negro” que ya se había unido al grupo, la acompañó diciendo:
– Qué estamos en público, tío…

Capítulo 21

Francisco y Manuela, rieron pero permanecieron agarrados por la cintura. Y en cuanto los amigos entablaron conversación, comenzaron a besarse de nuevo. Poco tiempo tardó Francisco en proponerle a Manuela:

– ¿Nos vamos?
– Si -le respondió ella.

Y cuando Manuela salía del bar acompañada de Francisco, la ley de la probabilidad quiso que se cruzara con Antonio; a pesar de ser un lugar que ambos juntos nunca habían frecuentado.

A Manuela le dio un golpe el corazón y tuvo instantes de turbación y duda.
Antonio estaba solo y borracho como una cuba.
Cuando vio a Manuela se agarró a la pared incrédulo, observó a Francisco e intentó reírse.
El joven no tardó en reaccionar y adelantó el paso y el puño amenazantes.

Pero Manuela lo agarró fuerte tirándole del brazo:
– Vámonos anda.
Francisco resistiéndose le preguntó:
– ¿Lo conoces?
– Sí, ¡venga vámonos! –dijo empujándolo hacia fuera cuando vio que Sole se acercaba a ayudar a Antonio.

Así se marcharon Manuela y Francisco.
Para Sole la noche acabó de una manera totalmente inesperada.
Con la ayuda del “Negro” montaron a Antonio en el asiento de atrás del coche.

– Manu, éstos se han llevado tu moto, ¿te acerco a tu casa?…

– No, gracias, voy a dar un “rule” a ver si veo a alguien por ahí…
– Como quieras, -dijo Sole.
– Venga guapa, nos vemos ¡eh!…
– Nos vemos Manu.

El “Negro” encendió un cigarro y comenzó a caminar.
– ¡Eee, que te vaya bien!- le gritó Soledad sabiendo que pasaría mucho tiempo hasta que quizás volviera a saber algo de él.

El joven sin volver la vista atrás levantó la mano en un gesto de despedida, y se alejó con la mirada baja.
Soledad sonrió cariñosa al comprobar que seguía con sus característicos andares.
Entonces sintió a Antonio moverse en el asiento, y movió la cabeza alarmada:
– …Antonio por lo que más quieras no me vayas a vomitar en el coche, ¿eh?. ¡Anda que menudo panorama!

Eran cerca de las cinco de la madrugada.

Capítulo 22

Capítulo 20

No toda distancia es ausencia, ni todo silencio es olvido. (Mario Sarmiento)

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