Princesas
La vida, la mía, nunca ha sido un jardín de rosas,
pero todo el mundo me llama princesa.
me llaman princesa rebelde;
y yo sigo enredándome en el traje
y sólo veo escobas en el espejo.
Me abrigo aunque no haga frío porque es invierno.
Y sonrío estúpidamente a ese señor
que tan amablemente me trata de imbécil.
Sólo pretendo que el mundo no me cambie a mí.
a ver si atrapo una escoba y arranco a volar.

Maldición
Maldita hada madrina
que me encantó de pequeña.
Condenada sería
a la dulce maldición
de una vida de color rosa.
A una cárcel de cristal
y a un príncipe de cuentos.
Maldita sea
mi femenina condena.
se revuelve en los infiernos.
Arde su candela a fuego lento.
Se refriega en su escoba,
se alimenta de sueños
y remueve la caldera
con huracanes de miedo.
…Algún día volará
de la mano del viento.
Con aires de libertad
¿Qué mejor elección
que volar la escoba
con aires de libertad,
sobre este cansino
autoritarismo
que amenaza pudrirse
en su propia porquería?
¡Llamádme bruja una vez más!
y quise matar una vez más
el vacío de todas las almas.
qué más me da que me llamen bruja.
¡Qué hago yo, si me cerraron la entrada
al paraíso, y no sé mendigar!
la codicia de las almas
y me voy derramando.
así sabré que estás mirando.
Virginia Fuentes
Una bruja hermosa – Princesas
Quiso una y otra vez
dejar atrás sueños blancos y rosas.
Intentaba arrancárselos con paciencia y voluntad.
Pero los sueños inmaculados se adherían a su piel
como vulgares sanguijuelas que le chupaban la sangre.
Un día cobarde decidió enterrarlos.
Pero a la mañana siguiente
los sueños llamaban de nuevo a la puerta
con su túnica blanca de muerte.
Esa noche se armó de valor
y decidió asesinarlos con sus propias manos.
Se dolió toda en cuerpo y se vistió de negro.
Ahora siempre empieza sus cuentos:
“érase una vez una bruja hermosa…”


