Un cuento en Navidad
El gorrioncillo saltarín alternaba la tarea de picotear el mendrugo de pan con una paloma que arrullaba indecisa. Antes de que pudieran dar cuenta del festín, el leve viento arrastró el pan que rodando fue a parar cerca de un hormiguero. Más pronto que tarde, el cuscurro estaba rodeado por un concienzudo ejército negro de hormigas dispuestas a transportarlo. Pero el aire hizo de las suyas y el trocito de pan siguió rodando alegremente. Cayó en el hocico de un perro que dormía y que al despertar, correteó tras él sin demasiado entusiasmo.
El aire sopló más fuerte, el mendrugo volvió a rodar, y cayó en el plato vacío de una familia que dormía debajo del puente. La madre sorprendida, cogió el plato amorosa y lo colocó delante de su niño pequeño. El chaval abrió los ojos emocionado, y se fue corriendo hacia el río con el pan en la mano. ¡Por fin tenía algo para darle de comer a los peces!
Diciembre 2024
Navidad… Muchas realidades diferentes conviven al mismo tiempo; unos aquí mirándonos sin vernos, otros diseminados por el planeta tierra participando del mismo sol, la misma luna, los mares y hasta de la basura que tiramos.
Y tú te regodeas del mal ajeno sintiéndote especial porque no te ha ocurrido a ti. Después echarás la culpa a lo que sea o al que sea, menos a ti misma, nunca serás tú, aunque el verdugo más cruel siempre lo llevamos dentro. Y estarás sola cuando supliques compañía, porque algunos de los que estaban cerca, se sintieron en el derecho de abandonarte.
Y llega la Navidad, que pasará por encima de los que no tienen con qué celebrarla o con quién; o de los que no tienen nada que celebrar. Aplastará a quienes mendigan dignidad con migajas de compasión. Pasará por delante de los pequeños comercios que apenas venderán para saldar deudas, mientras las grandes superficies seguirán engordando sus barrigas.
Sólo las que nos atrevimos a hacer el camino en soledad, sonreiremos porque nos alimentamos de sueños; y resulta que este año, para la cena somos tres.
1 de Diciembre del 2024
La amistad, que rápido nos nace en la boca y qué difícil llenarla de contenido.
Cómo pasamos por la vida riéndonos del mal ajeno, sintiéndonos importantes.
Y olvidándonos de los malos momentos que nos llegarán, en cuanto acaben los del vecino.
Y echarás la culpa, siempre echarás la culpa a lo que sea, al que sea, menos a una misma, nunca a una misma… Y el verdugo más cruel está dentro, tan dentro que no solemos verlo.
Entonces suplicarás -si puedes- compañía.
Y te encontrarás sola, con el vacío de las que se sienten con el derecho a abandonarte.
Sólo reirá la persona que se ha atrevido a hacer el camino en soledad; porque aunque te necesite, no te echará en falta.
Mi, Tu, Su… Navidad, ¿Cuál es la tuya?
Ando estos días con la solidaridad removida, pensando en cuántos mundos diferentes conviven al mismo tiempo.
Unos aquí, mirándonos sin vernos, hablándonos sin escucharnos…, otros esparcidos por el planeta tierra que ni siquiera conocemos, pero con los que compartimos el sol, la luna, los mares y hasta la mierda.
La Navidad pasará por encima de los que no tengan con quien celebrarla, o con qué celebrarla; o no tengan nada que celebrar.
Pasará por delante de los pequeños comercios que apenas venderán para saldar deudas; mientras las grandes superficies engordarán sus barrigas y sus bolsillos.
Pisoteará a quienes mendigan dignidad, enterrándolas en caridad.
Pasará por encima de mis narices.
Y de las tuyas.
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