Amor en el fango

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Eróticas

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El desenlace II

El Desenlace II, Una Historia de Desenfreno

La infancia del cabrero, ¿justifica su actitud?, la actitud de la profesora ¿provocó los acontecimientos?, ¿pudo la profesora actuar de otra manera para evitar que le sucediera lo que le sucedió?, ¿puedes ponerte en la piel del verdugo?, ¿y en el de la víctima?…

El desenlace I

El desenlace II

…Pero Sagrario se revolvió y lo empujó hacia fuera.

Al cabrero no le quedó más opción para conseguir su propósito que sujetarla fuertemente por ambos brazos.

Sagrario sentía el aliento del hombre tan cerca que el asco le estaba produciendo arcadas. Le dolían las muñecas.

Y Raimundo insistía en su propósito de besuquearla, pero ella le estaba ofreciendo una fuerte resistencia, y en un instante de descuido del cabrero, la mujer consiguió darle un empujón y huir de sus garras.

Corría asustada y se iba enganchando y arañando con los arbustos. Perdió la noción del camino pero avanzaba lo más deprisa que le daban de sí las piernas.

Sentía a Raimundo tan cerca de ella, que a veces no sabía si eran ramas o las manos del cabrero las que la tocaban.

De repente sintió una fuerte presión en su tobillo derecho que la hizo caer de boca al suelo. Su cara se hinchó instantánea y sintió un gran dolor en el costado cuando chocó con la arista afilada de un pedrusco.

Raimundo no había imaginado nunca que el encuentro con Sagrario pudiera complicársele tanto. Pero si no lo hacía por las buenas, lo haría por las malas. Llevaba demasiado tiempo deseándola para dejar que se le escapara esa oportunidad.

Sagrario estaba en el suelo boca abajo y Raimundo excitado pensó penetrarla por detrás. Pero primero tenía que sujetar a la condenada que no dejaba de moverse. Con una mano agarró las dos muñecas de Sagrario y con la otra le subió el vestido. Arrancó las bragas de la mujer de un tirón y apretó con fuerza ese culo suave que tanto deseaba. Su miembro duro y dispuesto intentaba encontrar el camino, pero la mujer no paraba quieta.

El desenlace II

EL DESENLACE IISagrario estaba aterrada. El miedo se le había agarrado a la garganta y era incapaz de gritar. Emitía quejidos y sollozos que se apagaban con la voz cruel de Raimundo cuando la llamaba guarra. Sagrario sentía como se doblaban sus muñecas y su llanto le sabía a sal y a tierra.

Raimundo estaba tan excitado que sólo quería poseer a esa mujer tan deseable y tan despreciable al mismo tiempo. Por un momento aflojó la presión en las manos de Sagrario que aprovechó para arrastrarse. El cabrero reaccionó rápidamente y volvió a sujetarla pero esta vez para moverla boca arriba; estaba perdiendo los nervios. Raimundo se colocó encima de la profesora y con la mano que le quedaba libre le arrancó la blusa. La mujer no paraba de agitarse.

Raimundo fuera de sí, en un momento de furiosa excitación zarandeó violentamente a Sagrario por los hombros, que al fin pareció calmarse y dejar al hombre acabar la faena.

Extasiado, el cabrero abrió las piernas de la profesora y penetró en ella con una fuerza acumulada de ansia. Tuvo una explosión por orgasmo como nunca había experimentado, y exhausto se dejó caer sobre el cuerpo de la mujer que lo había vuelto loco.

Fue entonces cuando vio la sangre manar de la inerte cabeza de Sagrario.

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MIEDO3

el desenlace I, Una historia de Desenfreno

Bueno, este relato está llegando a su fin. Hay muchos temas de los que podíamos debatir y que además están a la orden del día: ¿promiscuidad de Sagrario?, ¿maltrato por parte de Gregorio?, ¿del pintor?, ¿libertad sexual?, ¿abusos?, ¿miedos?, ¿estereotipos?, ¿convencionalidad?…

Capítulos 4 y 5

El desenlace I

Sagrario se convirtió en una obsesión para Raimundo.

Al principio la observaba a escondidas, pero tras la marcha de los pintores el hombre sentía que Sagrario era sólo para él. Deseaba tocarla y acariciarla con todas sus fuerzas, penetrarla por todas partes y se había jurado que lo haría.

Pero sus sentimientos eran pura contradicción.

En un par de ocasiones había intentado acercarse a la profesora y ella lo había rechazado.

Herido en lo más profundo de su orgullo no podía tolerar aquel agravio.

Esa mujer se había obstinado en despreciarlo igual que todas.

Raimundo pensaba desengañado que las mujeres a lo largo de su vida se habían empeñado en menospreciarlo, y sólo podía odiarlas; su madre no luchó por su vida; Eduarda sólo se ocupó de él para acallar su conciencia; Margarita nunca lo defendió; las putas, unas falsas interesadas, y Sagrario una zorra traicionera como todas.

La profesora se había sumido en un estado de inerte pesimismo desde que se fueron los pintores; había vuelto la cotidianidad a su vida. Ni el olor a limpio en el colegio, ni las caras felices de la chiquillería al verlo todo distinto, producían en ella el más mínimo entusiasmo.

Estaba harta de tanto silencio y de tanta quietud.

No paraba de darle vueltas a la cabeza, y le rondaba constantemente la idea de abandonar voluntariamente la plaza y regresar a su ciudad.

La invadía un extraño y oscuro sentimiento; y para colmo el cabrero no hacía más que incordiarla.

Lo peor de todo era que a veces, cuando lo sorprendía mirándola con esa cara de lascivia, Sagrario sentía miedo.

El desenlace I

El Desenlace IAquella tarde al acabar la clase la profesora se encaminó a casa por la ruta de siempre. Miraba de reojo a los lados porque llevaba un rato andando y tenía la sensación de que no estaba sola.

No veía nada especial, los pájaros cantaban y revoloteaban en las ramas, el aire mecía las hojas…

Disimulando su inquietud, Sagrario caminaba.

Raimundo estaba escondido disfrutando de ver el desasosiego de la mujer.

Cuando creyó suficiente la tortura salió al encuentro y Sagrario dio un respingo sin poder contener el susto:

– ¡Aahh, Raimundo joder, estoy harta de verte por todas partes! –dijo furiosa.

– Ah, mira la profe, ¿pero de follar no te hartas? –le contestó sonriendo Raimundo cortándole el paso.

Sagrario sobresaltada intentó andar deprisa, pero Raimundo se interpuso en su camino y cuando se dio cuenta estaban lejos del sendero.

– ¿diios, déjame en paz? –gritó la profesora desesperada.

Pero el cabrero arrastró a Sagrario hacia él, le agarró las nalgas y pegó su cara a la de ella para decirle:

– Vas a ver ahora quien folla mejor, si el pintor o yo. ¿Por dónde quieres que te la meta, por el coño o prefieres por el culo? Putita, que eres una puta…- e intentó besarla…

El desenlace II

Capítulo 1

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