Un grito infinito de rechazo me provoca a veces esta realidad, y más de una vez he temblado de ansiedad como describe Munch cuando pintó su cuadro.
«…Paseaba por un sendero con dos amigos -el sol se puso- de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio -sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad- mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza…» (Munch)
ODIO

«El grito», Eduard Munch
Barullo.
Enredo urbano.
Mecánico, frío
cruel, inhumano.
De prisas, de humos,
de empujones, de permisos.
De protocolaria palabra
y sangrante puñalada.
De acusaciones contenidas
y rabia atragantada.
Quiero y no puedo.
¡Joder!
Odio.
Odio lo que veo.
Según la R.A.E, el odio es «Antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea». Nuestra cultura nunca ha visto con buenos ojos la expresión de este tipo de sentimientos, como el odio o la envidia, sin embargo son inherentes al ser humano y negarlos o culpabilizarte por sentirlos puede generarnos otro tipo de problemas.
En cuanto a la definición de la R.A.E., no estoy de acuerdo con la última parte, sentir antipatía y aversión, no quiere decir desear el mal.
El cuerpo grita lo que la boca calla


